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El Cuento de la Otra Hojita PDF Print E-mail
Written by Subcomandante Marcos   
Sunday, 01 February 2009
Para Mamá Corral. (cuentos para suplir las inyecciones)  Enero del 2009   El cuento de la otra hojita.  Habrá una vez una hojita que estaba arriba de un árbol, en la parte   más alta. Contenta estaba la hojita porque tenía muchas hojitas cerca   y bien que se cantaban cuando el viento las movía. Y muy lejos podía   ver la hojita, todo el valle y hasta las montañas vecinas.  Claro que había sus inconvenientes porque, por ejemplo, como había   muchas hojitas juntas pues rápido se hacían los chismes. ?Ya viste que   la tal por cual anda muy pegada con ésa otra?, a veces decían. Y se   hacía mucha bulla porque luego se sabía el chisme y entonces   contestaban: ?y mira quién habla, si tú te pasas todo el tiempo al   lado de ésa de más allá?. O sea que mucho peleaban entre sí las hojitas, como de por sí.  Y también ocurría que, cuando llovía, las hojitas de arriba eran las   primeras en mojarse y no podían decir aquello de ?qué bonito es ver   llover y no mojarse?.  Pero había sus compensaciones, porque, cuando el sol salía, las de   arriba eran las primeras hojitas en secarse.  Bueno, pues así estaba la hojita de este cuento, en el vaivén de   lluvias y soles, cuando vino un viento fuerte y la arrancó de la rama   donde estaba viviendo. Y la hojita empezó a volar, dando giros,   subiendo y bajando por las corrientes de aire.  ?!Qué chido¡?, Dijo la hojita que era medio skatera.  ?!SIIIIII¡?, gritó cuando pudo hacer un doble rizo muy cerca del techo   de una champa. Luego una ráfaga de aire la acercó a una nube que tenía   una pinta de muchos colores que decía: ?Libertad y Presentación de l@s   desaparecid@s politic@s?.  Y en otra se leía: ?Lo bueno de raya nubes es que acá no llega la tira?.  Y así andaba de un lado a otro la hojita.  Pero pasó que el viento se fue con su canción para otra parte y la ley   de gravedad se aplicó con todo rigor, así que la hojita, casi como no   queriendo, fue a llegar hasta el suelo.  ?!Orale¡?, se dijo la hojita, ?¿y ahora qué voy a hacer??  La hojita quería regresar otra vez a la parte más alta del árbol.   Aunque eran muy chismosas, ahí estaban sus amigas. Y aunque era la   primera en mojarse con al lluvia, también era la primera en calentarse   con el sol y podía ver muy lejos. Y aunque el viento la volviera a   tumbar, ella podía ensayar nuevas piruetas que ya se le estaban   ocurriendo, y hasta pensaba rayar alguna nube con letras de muchos   colores y tamaños muy divertidos y demandar libertad y justicia.  la hojita probó en caminar, pero como siempre había estado en el árbol   agarrada de una rama, pues nomás no se le daba lo de la caminadera.  Entonces una hormiguita pasó por donde estaba. La hojita la reconoció,   porque era una hormiguita que una vez había estado en lo alto del   árbol y hasta le había dado una mordida a la hojita.  ?!Hola¡?, saludó la hojita a la hormiguita.  ?¿Y tú quién eres? Acaso te conozco?, respondió la hormiguita que,   para variar, andaba de malas.  La hojita se presento: ?Me llamo Hojita y vivo en la parte más alta   del árbol, pero me caí y ahora quiero regresar a mi casa pero no sé   cómo hacerlo, ¿podrías ayudarme??.  La hormiguita la quedó mirando, luego quedó mirando al árbol, luego   volvió a quedar mirando a la hojita. Tardó mirando la hormiguita.  Ya luego dijo: ?No pos ora que sí ya se chingó la Roma ésa, porque   tendría que cargar y luego tendría que subir toooodo el árbol sin que   me coman los pájaros o el oso hormiguero. Y ya luego, si es que   llegamos hasta la parte más alta, pues la problemas va a ser cómo te   pegamos a la rama que te toca?.  La hojita quedó mirando a la hormiguita y luego quedó mirando al   árbol. Tardó mirando la hojita, o sea que ya estaba agarrando el modo   de la hormiguita.  Ya luego dijo: ?no hay problema, porque podemos ir a comprar pegamento   a la papelería o me puedo agarrar bien fuerte de la rama que me toca?.  La hormiguita escuchó a la hojita y la quedó mirando y... bueno, y ya   no vamos a decir que tardó mirándola porque si no el cuento se hace   muy largo.  Entonces la hormiguita dijo: ?Tá güeno, te voy a llevar, pero antes   tengo que ir a ver a mi comagre para pedirle maíz porque a mí ya se me   acabó. ¿Vas conmigo o aquí me esperas a que regreso?.  La hojita pensó que, cuando la hormiguita encontrara a su comagre,   iban a tardar mirándose y el cuento se iba a terminar sin que ella   resolviera su problema, así que respondió: ?¡Voy contigo! Y sirve de   pasada compramos el pegamento en la papelería?  Entonces, la hormiguita cargó a la hojita en el lomo y empezó a   caminar rumbo a casa de su comagre.  Por el camino, la hojita iba mirando muchas cosas que no conocía... o   que conocía, pero vistas desde lo alto del árbol donde vivía.  Y pasó a un lado de la piedrecita inconforme, la que quería ser nube,   y la vio muy grande. Mientras miraba a la piedrecita inconforme hacer   ejercicios para bajar de peso, la hojita pensó: ?Tras que desde arriba   se ven muy otras las cosas?.  ?O no se ven?, dijo la hormiguita, que además de ser enojona podía   escuchar lo que pesnaban los demás seres.  ?Sí o no se ven?, quedó pensando la hojita.  Siguieron caminando.  Bueno, caminaba la hormiguita, porque la hojita nomás iba mirando el   mismo mundo que había visto desde arriba pero que, visto desde abajo,   era otro mundo.  Y mucho mundo miró la hojita.  Por ejemplo, miró al Mal y al Malo vestidos de gobiernos, de   empresarios, de aviones bombardeando niños y niñas, de policías   golpeando y asesinando jonven@s y desapareciendo luchador@s sociales,   de hombres violentando mujeres, de perseguidores de los otros amores,   de racistas, de locutores de radio y televisión, de periodistas, de   analistas políticos, de comisarios del pensamiento.  Pero también miró a un escarabajo con yelmo, fumando pipa y   escribiendo en una ultramini-micro-computadora.  Y miró a la Lupita y a la Toñita jugando con unas jirafas que les   regalaron en el Festival de la Digna Rabia. Y miró al Sup cuando les   decía a las niñas que no eran jirafas, que eran unas vacas y que les   habían estirado el pescuezo porque las querían hacer caldo, pero las   vacas no se dejaron y se resistieron y que eran unas vacas rebeldes y   que se les había quedado el pescuezo estirado por su resistencia, pero   no eran jirafas. Y miró que la Toñita y la Lupita lo regañaban al Sup   y le enseñaban un libro de animales para que víera que sí eran jirafas   y que no eran vacas con el pescuezo estirado. Y miró que el Sup les   respondía que no era cierto, que ese libro lo habían hecho los mismos   que querían hacer caldo a las vacas. Que para que no se publicara que   tenían un su delito, dijo el Sup. Y miró que las niñas traían unas   inyecciones porque decían que el Sup estaba enfermo y por eso decía   tarugadas, y que iban a curar al Sup. Y miró que el Sup corría. Y ya   no miró si es que lo alcanzaron.  Y miró el lado oscuro de la luna, cuando Sombra, el guerrero, la   llevaba cargando en un mecapal.  Y miró a Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, llevar   unas flores a la tumba de La Magdalena.  Y miró al Viejo Antonio forjándose un cigarrillo en hoja de doblador.  Y miró a hombres y mujeres indígenas, que nunca habían ido a la   escuela, explicarle el mundo a una investigadora con un doctorado en   ciencias sociales.  Y miró a las tropas zapatistas haciendo la champa para Radio Insurgente.  Y miró al Moy platicando con las Comisiones Agrarias Autónomas sobre   un problema de tierras.  Y miró a una pareja tocándose con toda la piel desnuda, y miró que no   importaba si la pareja era de mujer y hombre, o de hombre y hombre, o   de mujer y mujer, o de otra@ y otr@.  Y miró a alguien rayar en una pared ?Un muro sin grafiti es como un   barquillo sin helado?, y miró que el muro se convertía en bandera.  Y miró que nadie se preparaba para enfrentar a Polifemo.  Y miró a los calendarios y geografías caminar a encontrarse.  Todo eso y muchas cosas más miró la hojita, pero son para otros cuentos.  Por fin llegaron donde la comagre de la hormiguita y, como era de   esperar, la comagre no estaba porque no llegaron rápido y le tocaba   trabajar en otro cuento, así que se fueron a la papelería para comprar   el pagamento.  A la hojita, con todo lo que había mirado, ya se le había olvidado que   iba a comprar pegamento. Así que le dijo al dependiente de la   papelería: ?Quiero un cuaderno y unos lápices de colores muy   divertidos?.  El dependiente respondió ?Acaso son divertidos los lápices de colores.   Los lápices de colores son lápices de colores?.  De ahí se siguió una larga discusión sobre la capacidad o no de   sentimientos de las cosas inanimadas, discusión que nos vamos a saltar   porque si no el cuento se va para otro lado.  Bueno, resulta que al final la hojita consiguió sus lápices de   colores, su cuaderno y su pegamento (porque la hormiguita le recordó a   qué habían ido a la papelería).  Ya luego, la hormiguita y la hojita llegaron al pie del árbol.  Ya iban a empezar a subir cuando ¡zas!, se sintió como un terremoto.   Todo empezó a crujir y como a romperse.  Como si se desarmara un rompecabezas y las piezas se desordenaran.  La radio, la televisión y los periódicos de arriba no dijeron nada   porque también se habían desarmado, así que lo que se supo fue porque   lo publicaron los medios alternativos de comunicación.  Porque resulta que los zapatistas, las zapatistas, habían ganado la   guerra contra el olvido y todo el mundo se estaba volteando de cabeza   y quedando todo al revés.  Y el sol ya no salía por el oriente, sino por el poniente.  Y lo que estaba arriba quedaba abajo, y lo que estaba abajo quedaba arriba.  Y entonces resulta que, para ir a la rama donde vivía la hojita, ahora   tenían que bajar, en lugar de subir, a la copa del árbol.  ?Mta magre? dijeron a coro la hojita y la hormiguita, y se pusieron a   discutir entre ellas.  Y es que la hojita le echó la culpa a la hormiguita porque tardó mucho   mirando y en ese tiempo los zapatistas, las zapatistas, ganaron y   voltearon el mundo al revés.  ?Para que el mundo ya esté cabal?, así dijeron las zapatistas, los   zapatistas, y, como ya es costumbre, nadie les entendió.  Tan ? tan.  Vale. Salud y paciencia rabia, Mamá Corral, paciente rabia.  SupMarcos.  México, Enero del 2009. ........................................... ........................................... SEMBLANZA A DOÑA CONCEPCIÓN GARCÍA DE CORRAL.  La Fragua de los Tiempos, Febrero 1 de 2009 # 803. La Fragua de los Tiempos Febrero 1 de 2009 # 803 Doña Concepción García de Corral  En Argentina se les conoce como las Madres de la Plaza de Mayo y desde   hace varios años han obtenido un sitio muy importante en la conciencia   nacional. El pueblo, los trabajadores y estudiantes las veneran y   respetan y el gobierno tiene que escucharlas y atender sus reclamos.   Son las madres de los jóvenes desaparecidos y asesinados durante los   años sesentas. Son las madres que un día empezaron tímidamente a   exigirle a los generales que les regresaran a sus hijos y cuando se   agotaron las esperanzas de que estuvieran vivos ellas tomaron su   bandera, asumiendo y haciendo suya la causa y los mismos ideales de   cambio por los que habían sido asesinadas sus hijas y sus hijos. Con   su persistencia y su inteligencia, las Madres de la Plaza de Mayo han   construido uno de los frentes ciudadanos más influyentes en Argentina. En México surgieron desde 1978 de igual manera, reclamando a sus hijos   y se les identificó simplemente como las ?doñas?, fueron las madres de   los jóvenes guerrilleros secuestrados por policías y militares desde   el inicio de los años setenta. En el norte, fue doña Rosario Ibarra de   Piedra la que empezó en Monterrey reclamando a su hijo Jesús, al   principio casi sola, pero poco a poco llegaron otras mujeres desde   Guerrero, Jalisco y Chihuahua, hasta que construyeron el ?Comité de   madres de desaparecidos, exiliados, perseguidos y presos políticos?,   construyendo desde entonces un movimiento contra la impunidad y el   olvido. Del estado de Chihuahua participaron en este Comité de madres: doña   Concepción, Judith Galarza Campos, Eudelia Lucero de Espinoza, Carmen   Cervantes de Soto, Irma Chavarría de Coronel, de ciudad Juárez; Laura   García de Gaytán de Ignacio Zaragoza y Elodia García de Gamiz, Alicia   Merino de de los Rios, Socorro Varela y María Luisa Fierro de Navarro,   de Chihuahua. El primer gran logro de las gestiones de las madres de desaparecidos y   presos llegó durante el sexenio de López Portillo, cuando el gobierno   se vio obligado a liberar mas de cien jóvenes que habían permanecido   en calidad de ?desaparecidos? en cárceles clandestinas de México. A   partir de entonces y como manifestación de júbilo se presentaron con   el nombre de ?Comité Eureka?. En septiembre de 1996 este Comité organizó un evento en el Paraninfo   de la ciudad de Chihuahua donde intervenimos con una ponencia y en esa   ocasión expresamos la intención de entrevistar durante los meses   siguientes a las madres que participaban en dicho Comité. El 25 de   septiembre de 1997 acudimos a casa de doña Concepción en ciudad Juárez   y ahí en su casa le hicimos una extensa entrevista. Estar con ella, escucharla, conocerla como la madre de once hijos,   tres de los cuales habían perdido la vida por sus ideales   revolucionarios: Salvador, Luis Miguel y Heliodoro y Jesús, el más   chico en calidad de ?desaparecido? fue una experiencia muy conmovedora. No era doña Concepción la única madre que vivía esa tragedia, ni era   la primer madre-mujer que conocíamos en esas circunstancias, en   Durango ya nos habíamos encontrado con varias de esas madres   atribuladas que transitan la vida con el corazón lastimado por la   ausencia de hijos asesinados, pero ese día, con doña Concepción   conocimos la intensidad del amor maternal desde otra perspectiva y   nunca olvidamos la experiencia ni tampoco a doña Concepción. Ahora, al enterarnos de que ella murió el 25 de enero nos ha causado   un gran pesar y hemos decidido recordarla a través de esta página y a   la vez recordarle a los chihuahuenses quien fue doña Concepción García   de Corral. Hemos buscado en nuestros archivos el texto de aquella   entrevista y después de escuchar su voz y sus respuestas nos ha   impresionado su fortaleza, su carácter, su sensibilidad de mujer-madre   y nos ha surgido la idea de que doña Concepción encarna a todas esas   mujeres sufrientes que educaron a sus hijos como hombres y mujeres   libres y que después se los han matado los gobiernos enemigos de la   libertad. Estamos seguros de que un día, esta nación será otra; una patria   verdadera con ciudadanos verdaderos, donde la justicia se desparramará   por igual entre todos; donde la dignidad será el primerísimo valor y   donde democracia y libertad dejarán de ser simples palabras de adorno   para los discursos de los políticos. Ese día la historia recordará a   Salvador, Luis Miguel, Heliodoro y José de Jesús Corral como lo que   fueron, héroes verdaderos, y el ejemplo de las mujeres-madres como   doña Concepción García Corral se elevará sobre las conciencias y se   les reconocerá como ejemplo de amor maternal, como las madres de todos   nosotros. La madre (Memorias)   Concepción García Esparza Mi nombre es Concepción García Esparza, nací el 2 de julio de 1917.   Soy originaria de Corrales, Durango; del municipio de Tepehuanes. Este   pueblito está casi al pié de la Sierra, está cerca del río Tepehuanes.   Cuando vivíamos allá tenía poco más de cien habitantes; desde entonces   mucha gente ha salido a Estados Unidos, unos han regresado, otros no.   La única vida allí es la siembra, y a veces llueve y a veces no. Llegué nada más hasta 4º grado, que en ese entonces era como el 6º de   ahora. Desde chica tenía el espíritu de aprender. Cuando salí de la   escuela tenía 14 años; la maestra era una señora enérgica, se llamaba   Guadalupe Galavíz; ella fue la maestra que más influyó en mí, fue la   primera maestra que mandaron de Durango allí al pueblito de Corrales.   Después le dieron la comisión de que pusiera otras maestras por allí   en los pueblitos contiguos porque no había. Mi papá era de un pueblito cercano que se llama Sandías y como allí   tenía mucha familia me dijo la maestra: ?dile a tu papá que te deje ir   a empezar la escuela en Sandías donde él tiene muchos familiares? pero   no me dejaron porque decían que yo era muy joven. Entonces decidí   casarme porque ya no me dejaron estudiar ni trabajar de maestra. Mi esposo se llamaba Telésforo Corral Montenegro y también era   originario de Sandías, como mi papá. Nació en 1909. Se dedicaba a la   agricultura. Falleció el 28 de diciembre de 1980. Era siete años mayor   que yo. Nos casamos en 1934. Tuvimos 11 hijos, la mayor era María   Luisa que nació el 21 de junio de 1935; Heliodoro el 19 de febrero de   1937; Adela el 17 de diciembre de 1938; Carlos el 5 de febrero de   1942; Roberto el 7 de junio de 1944; Salvador el 7 de marzo de 1946;   José de Jesús el 13 de enero de 1948; Rosario el 1 de enero de 1950;   Luis Miguel 5 de agosto de 1951; Eloy 1 de diciembre de 1953; y el más   chico, Martín 5 de agosto de 1958. Mi papá se llamaba Julián García. Ellos se vinieron de Corrales a   Juárez mucho antes que nosotros. Mi mamá se llamaba Andulecia Esparza   y vino primero con uno de mis hermanos. Después llegó mi papá pero   cuando apenas tenía seis meses de estar aquí murió un 28 de diciembre   de 1950.   En diciembre de 1957 llegamos nosotros de Durango directamente a   Juárez, Chihuahua para que los hijos estudiaran aquí. En el rancho   vivíamos con la misma modestia que toda la gente. No teníamos   comodidades, pero tampoco nos faltaba nada; mi esposo se iba de   brasero y venía. A mí siempre me gustó leer todo lo que se me pusiera enfrente. Me   gustaron los libros desde que empecé a aprender a leer. Cualquier   cuentito que salía por allí, de ?Sal de uvas picot?, o cualquier   librito que me encontraba me gustaba leerlo. También me ha gustado la   poesía, y de niña declamaba en público en las fiestecitas que había en   la escuela. Siempre procuré inculcarles a mis hijos el interés por la escuela.   Heliodoro, el mayor de los hombres nada más estudió hasta 4º de   primaria. Cuando Salvador terminó la preparatoria en Durango dijo: ?yo   me quiero ir a México a estudiar medicina?; y se fue a la universidad,   lo mandamos con sacrificios. Jesús estudió la preparatoria, y después   nos dijo: ?si me dejan ir a México yo también me voy? y se fue al   Politécnico. Antes de que Salvador se fuera a México tenía como 17 años y un día se   salió con una camarita a tomar fotos en las colonias de la periferia y   cuando regresó me dijo casi llorando: -Ay mamá, ¡cuánta miseria!, si usted viera cómo está allá.   Y le pregunté:   - y tú qué quieres hacer?   -pues que se acabe esto.   - ¿Y cómo se puede acabar? Esto nunca se va a acabar?.   - Pues se tiene que acabar.   -Pero tú no lo puedes hacer, si quieres ayudar a la gente sigue   estudiando y así podrás ayudar a los que quieras, pero ahora ¿qué   puedes hacer tú? Él fue quien empezó con esas inquietudes. Era muy sensible y le dolía   la pobreza de la gente, por eso se salió con la cámara, porque ya   traía la inquietud. José de Jesús terminó en el Politécnico y le consiguieron una plaza en   Navojoa, Sonora en la Escuela Preparatoria. Luis Miguel terminó su   carrera de ingeniería y empezó a trabajar en la maquila ?Banda   Grande?. En ese tiempo nada más Salvador andaba en la lucha. Tenía un   compañero que se llamaba Mónico Rentería y cuando lo detuvieron le   dijo todo a la policía, les dio las señas de como estaba la casa, de   cuantos éramos de familia, de donde estaban todos. El 15 de octubre de 1973 llegó la policía buscando a Salvador allá a   la casa y como él no estaba se llevaron a Roberto al cuartel, lo   esposaron, le taparon los ojos y le apuntaron con la pistola   preguntándole dónde estaba su hermano. Ese mismo día vieron a José de   Jesús en la escuela, en Navojoa. Fueron a sacarlo con mentiras. Sus   alumnos se movilizaron muy rápido y lograron que lo soltaran pero él   ya no se quedó allí, se fue a seguir a Salvador. Después también Luis   Miguel el más chico se fue con ellos. Todo esto sucedió en el mismo   mes de octubre de 1973. El 2 de febrero de 1974 llegaron a la casa los que habían agarrado a   Roberto y le dijeron: ya encontraron a tu hermano estaba tirado en una   colonia de Monterrey y quizá lo mataron sus mismos compañeros, venimos   a avisarles por si ustedes quieren irlo a recoger. El 7 de febrero de   1974 enterramos a Salvador en el cementerio ?El Tepeyac? de Cd. Juárez. En 1976, el 8 de marzo, agarraron a Jesús en Puebla y lo llevaron al   Campo Militar Nº uno. A los pocos días, el 22 de mayo, a Heliodoro le   explotó un tanque de gas en su casa, se quemó y murió el día 27. Se   dijo que había sido un accidente. Al siguiente año, en 1977, salió en el periódico la noticia de que   habían detenido a Luis Miguel en Puebla y que se lo habían llevado al   Campo Militar. Fui hasta Puebla y me lo encontré en mayo de 1977, no   era cierto que lo habían detenido, estaba casado con Luz Elena Montoya   y estaban a punto de tener un niño. A mi hijo Luis Miguel lo mataron el 24 de junio, según la policía en   un enfrentamiento en un restaurante. Cuando fui a recogerlo lo tenían   tirado ya lo habían abierto y me dijeron que había recibido tres   balazos. Lo mataron con uno de sus compañeros que yo había conocido en   Puebla Me lo llevé a ciudad Juárez y cuando llegué a la casa exploté y   con el llanto encima les dije a mis hijos que ya no aguantaba mas.   Entonces me dice Roberto   -Ay mamá si usted es muy fuerte.   -Si pero no soy de palo, déjenme descansar, desahogar un poco,   aunque ya no tengo lágrimas?ya se me acabaron. Su niño había nacido el 29 de mayo y muy chiquito nos lo mandaron a   ciudad Juárez, él casi no lo conoció. Meses después, el 26 de   septiembre también mataron a su compañera Luz Elena.   Después, cuando me repuse volví a México a buscar a José de Jesús,   anduve buscando en el Campo Militar, en la Procuraduría y en todas   partes, nadie me daba razón. En agosto de 1978 el licenciado Rojo   Coronado me recomendó que hablara con Rosario Ibarra. La localicé y me   fui a México donde estaba ella, llegué sola a las once de la noche y   días después estuve en la primera huelga de hambre que se hizo en   1978. Desde entonces no he recibido ningún indicio de que José de   Jesús esté con vida. En todos estos años yo he aprendido a sobrellevar todo esto, he   cambiado en términos de pensamiento para enfrentar todo con valor,   antes lloraba y ahora ya no lloro. No me avergüenzo de decir que mis   hijos fueron guerrilleros. En 1980, no recuerdo la fecha exacta, me hicieron una llamada; me dijeron: - ¿Habla la señora Corral?   - A sus órdenes   - Le estamos llamando para decirle que pronto verá a su hijo   - Y me colgaron.   - Han pasado 17 años desde entonces y nunca he dejado de pensar que   mi hijo Jesús está vivo y nunca dejaré de buscarlo.  
 
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